
Compartimos una de las muchas historias de esperanza de Silvina, una historia de mujeres que apoyan a mujeres, y sólo un ejemplo de cómo tu apoyo en los últimos 15 años ha unido a las comunidades para salvar vidas.
“En mi comunidad de El Calderón siempre hay varias mujeres embarazadas. Un día, una mujer embarazada a la que había estado visitando regularmente tuvo una fiebre de 39°C. También tenía la tensión muy alta y sufría disentería. Le di la medicina de inmediato y le puse un paño húmedo en la frente para ayudar a bajar la fiebre. Mientras estaba tumbada, la ayudé a beber suero oral para reponer los líquidos que había perdido”.

“Estaba preocupada por la madre porque su bebé no nacería hasta dentro de un tiempo y estaba con mucho dolor debido a la disentería. Era domingo, así que recé para que alguien del centro de salud respondiera a mi llamada. La doctora contestó, pero me informó de que no había una ambulancia disponible para venir a buscarla de inmediato”.
“Sabía que la vida de la mujer corría peligro, así que le pedí a la doctora que enviara la ambulancia cuando pudiera y le informé que empezaría a sacar a la madre a pie para encontrarme con la ambulancia en la carretera.
No había ningún hombre para ayudarme a trasladar a la mujer, así que fui a reunir a las mujeres de la comunidad para que me ayudaran. Juntas, empezamos a llevarla lentamente hasta la carretera.
Mientras avanzábamos por la comunidad, otras mujeres nos vieron y vinieron a unirse a nosotras. Algunas trajeron agua, otras sombrillas, y todas nos turnamos para llevar a la mujer.
Mientras subíamos una colina, miré hacia atrás y vi una cadena de mujeres que llevaban a la madre embarazada y a otras que las seguían para ayudar. Fue muy inspirador ver a todas esas mujeres de la comunidad, apoyando a una sola persona.
Y juntas, ¡lo conseguimos! Cargamos a la mujer en nuestros propios brazos y nos encontramos con la ambulancia justo cuando venía por la carretera”.
La madre permaneció tres días en el centro de salud porque la disentería era grave y los médicos temían que perdiera a su bebé. Pero, gracias a Dios, se estabilizó y se recuperó.

“Gracias a que Fundación AMOS me ha capacitado para reconocer cuándo una vida está en peligro, y al amor y el apoyo mostrado por las mujeres de nuestra comunidad, ese día se salvaron las vidas de una madre y un bebé”.
Silvina Lainez, promotora de salud en El Calderón.
Ustedes hacen posible estas historias de esperanza. Gracias por todo lo que hacen para mejorar la salud y salvar vidas en Nicaragua. ¡Permanezcan atentos para leer más de sus 15 historias de esperanza!
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